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Cómo elegir la charola para su plántula: 128, 200, 242 o 288 cavidades

La charola es la primera decisión técnica de todo semillero, y una de las que más se subestima. El número de cavidades determina cuánto sustrato tiene cada planta para desarrollar su raíz: a más cavidades por charola, menor es cada celda y menor el volumen de cepellón. Elegir bien no es un detalle estético, es lo que decide si su plántula llega fuerte y uniforme al trasplante o si arranca el ciclo con desventaja.
Qué significa el número de cavidades
Una charola de 128 cavidades ofrece celdas amplias y, por lo tanto, un cepellón más grande; una de 288 concentra muchas más plantas en el mismo espacio, con celdas pequeñas. Ninguna es mejor en abstracto: la correcta es la que corresponde al tamaño de la semilla, al vigor del cultivo y al tiempo que la plántula pasará en el semillero antes de salir al campo.
Como referencia general de la industria de agricultura protegida, estas son las cuatro densidades que manejamos y su uso típico:
- 128 celdas: cavidad amplia. Cultivos que buscan una raíz fuerte antes del trasplante, como pepino, pimiento morrón, tomate y berenjena.
- 200 celdas: el estándar versátil. La mayoría de los cultivos hortícolas de la región trabajan bien en esta densidad.
- 242 celdas: media-alta densidad. Chiles picosos y verdura china, donde la semilla es más pequeña.
- 288 celdas: alta densidad. Semilla pequeña y ciclos cortos, como la verdura china.
El volumen de cepellón importa más que el número
Fuentes técnicas de la región recomiendan, para pimiento morrón, cavidades de entre 25 y 45 cm³. Cavidades demasiado pequeñas generan plántula débil y raíces enredadas que tardan en establecerse tras el trasplante, retrasando el arranque del cultivo. Por eso, cuando el objetivo es raíz fuerte, conviene inclinarse por menos cavidades (celda más grande) aunque salgan menos plantas por charola.
La cavidad muy pequeña ahorra espacio en el semillero, pero se paga en campo: una raíz enredada arranca el ciclo con desventaja.
Charola con funda: por qué la usamos
Todas nuestras charolas van con funda, un forro individual dentro de cada cavidad. Esto facilita extraer el cepellón sin dañar la raíz y ayuda al manejo fitosanitario entre ciclos, porque la charola se desinfecta y se reutiliza sin arrastrar problemas de un ciclo al siguiente.
En resumen
Elija la charola pensando en la raíz que quiere tener el día del trasplante, no solo en cuántas plantas caben. Si maneja pepino, morrón, tomate o berenjena y busca vigor, 128 o 200 es el punto de partida; para chiles picosos y verdura china, 242 o 288 aprovechan mejor la semilla pequeña. Si tiene dudas para su variedad, escríbanos y le confirmamos la charola y el calendario para su ciclo.


